El Fútbol es como la Vida, no sé si alguien ya lo dijo o lo escribió, pero estoy seguro que alguien tiene que haberlo hecho ya.
Es una realidad tan evidente que uno parece dar por sentado el símil. Yo creo que eso es lo que lo hace tan pasional, es por ello que desbordan las pasiones por un equipo, por una camiseta. En nuestro caso, por la amarilla como el sol del Ídolo del Astillero.
El día miércoles 02 de julio, el fútbol nos dio a los barcelonistas una nueva muestra de porqué se parece tanto a la vida: nos sumió en una de nuestras peores pesadillas, que no era otra que ver a otro equipo levantando la Copa Libertadores de América, un privilegio que parecía reservado exclusivamente al más grande del Ecuador.
Con esa dizque justificación nos pasamos por alto muchos errores, dejamos correr varios años. Teníamos una escondida certeza de que era tiempo de que el dragón dormido se despertara y que mientras tanto nadie nos alcanzaría en nuestra gloria. Éramos una especie de adictos a la gloria pasada y de tanto pasar embrigados en ella nos empezamos a embriagar de otras drogas más nocivas: el conformismo, la arrogancia, la politiquería.
La hinchada, que con golpes de pecho y rasgadura de vestiduras ha sido la más afectada con todo esto, no por eso está exenta de culpas. El estadio durante estos años se ha venido vaciando gradualmente y hemos antepuesto caprichos y deseos personales antes que al equipo.
"Yo no voy al estadio si fulano juega", "Yo no voy al estadio si la entrada cuesta 8$", "Yo no voy al estadio porque no me gusta el uniforme", "yo no voy al estadio porque quiero que se largue el técnico".
Pocos eran los que pensaban "pase lo que pase tengo que ir siempre al estadio". El compromiso con el ídolo del pueblo, con el único y verdadero referente del fútbol ecuatoriano se fue diluyendo en una serie de excusas y al final de cuentas, en una serie de conductas que sólo le hicieron daño al equipo.
Ni qué hablar de los dirigentes con aires de profetas, de los "apostolados", de los mecenas, de los marqueses y de los que pretendían dirigir a Barcelona a control remoto, de los que le entregaron el equipo en bandeja de plata a Abdalá Bucaram para que lo explote políticamente, al igual que hicieron con los socialcristianos. Ustedes PAULSON, ROGGIERO, PALACIOS, BOHRER, ROMERO y su séquito de adulones son los que tienen a Barcelona postrado y mirando una copa que por historia y derecho le pertenece en manos de un usurpador de gloria, de un ídolo de barro que se quiere colar en el pelotón de los grandes y el que, si nadie lo detiene a tiempo, se meterá en ese selecto club, al que por historia y casta no pertenecen, pero que con un trabajo metódico buscan.
Los jugadores que han llegado al Ídolo han venido a usufructuar socialmente de tener el escudo más glorioso del Ecuador en el pecho y eso les ha conseguido fortuna, mujeres y fama pasajera. No entendieron la dimensión histórica de su paso por el más grande, pues al igual que dirigentes e hinchas, decidieron vivir de la reputación de Barcelona para fines personales, mas no se preocuparon de labrar su propio surco en el fértil suelo amarillo.
Tal vez no se dieron cuenta que precisamente ahí radica la diferencia entre fama y gloria. La primera es pasajera, la segunda te inscribe para siempre en oro, en hierro, en piedra en un estadio, pero por sobre todo te inscribe con sangre y fuego en el corazón de la gente.
Semejante tragedia, semejante letargo, semejante adicción y conformismo parece haber desaparecido por un golpe de magia el día miércoles.
Y por eso es que el fútbol es como la vida, porque nos permite levantarnos, nos da revanchas, nos llegan señales misteriosas de que debemos cambiar el rumbo, de que debemos enderezar la nave.
Todos seguíamos adentrándonos en un océano oscuro en el que nos sentíamos aún a gusto porque nadie nos daba el más mínimo alcance. "Les hemos dado 10 años de ventaja y ni así" pues el miércoles, se acabó la ventaja y se acabó todo lo que existía antes del 01 de julio de 2008.
La dirigencia que parecía estancarse en discusiones internas ha reaccionado, los hinchas nos sentimos más amarillos que nunca y dispuestos a partirnos la garganta en el estadio y los jugadores parece que han comprendido que la historia, de una vez por toda, se les vino encima como una marejada poderosa.
Los únicos que mantienen su carroñería, su ánimo de catartiforme, su rapaz deseo de lucrar de Barcelona no es otra que la prensa que se ensaña contra el ídolo. No debe preocuparnos, ni debemos tomar acción contra ellos que no sea otra que la de no darle oído a sus mentiras, ni darle cabida a sus elucubraciones mal intencionadas que lo único que buscan es que el celular, la cerveza, el motel siga pautando en el programa que se habla de Barcelona porque saben, periodistas y comerciantes, que por lo que hasta el más laureado cobra 1, el único Ídolo del pueblo cobra 3.
Nosotros, los que amamos a Barcelona, dirigentes, hinchas y jugadores, debemos hacerles caso omiso. Debemos hacer un solo frente y marchar contra la adversidad, porque es evidente que hay gente que odia a Barcelona, pero también es evidente que mucho carrete les hemos dado a los que se regodean con el fracaso del Ídolo.
No más. Es la hora de reconstruir sobre los escombros. De limpiarnos las lágrimas de impotencia y amargura de las mejillas y poner el hombre, estirar la mano. De dejar un lado nuestra impaciencia y sumar, sea haciéndonos socios, sea yendo al estadio, o simplemente no oyendo a los gallinazos de siempre, que hasta los que se juran barcelonistas viven del escándalo y la tragedia del ídolo. Siempre les dio de comer, en las buenas y en las malas.
Es hora de dar por terminada esta guerra, de plantar las banderas blancas y salir, vencedores y vencidos, a reconstruir nuestra casa, a redimir nuestra historia.
El fútbol nos brinda, como la vida, esa oportunidad. Escuchaba a un inglés decir que antes de la Segunda Guerra Mundial en su país había desempleo, desnutrición, poco acceso a los servicios médicos y de educación. Contaba que cuando acabó la guerra, se dieron cuenta que su país había tenido una economía en crecimiento durante la guerra, pues las fábricas habían tenido que trabajar para producir armas, tanques, aviones y los médicos habían sido empleados para curar a los heridos, los albañiles para reconstruir puentes y edificios y, al final, llegaron a una gran conclusión: si habían tenido dinero y fuerzas para matar y para la guerra, también tendrían fuerzas para la paz y el desarrollo y se dedicaron a construir, a trabajar. Se contraron albañiles no para reparar puentes, sino para que construyan nuevos, los médicos atendieron a las mujeres y a las familias, las fábricas produjeron autos y bienes y la economía inglesa llegó al estado de desarrollo actual.
¡Qué gran lección! Lo que sirvió para la destrucción, puede servir mucho mejor para el progreso.
En Barcelona hemos hecho marchas y reclamos airados, hemos tenido fuerzas para putear al profesor Almeida hasta que se fue, inclusive, algunos han tenido el arrojo para enfrentar a jugadores en la calle, para reclamarles su conducta; los más radicales, inclusive, les tiraron huevos y les partieron a piedrazos los carros.
Todas esas fuerzas que sirvieron para destruir, para expresar ira y desesperación hoy, que hay una directiva que quiere hacer las cosas bien, usémoslas para construir, para respaldar al Ídolo, para sacar fortalezas desde la adversidad y cerrarle la puerta a los falsos barcelonistas que oxidan los micrófonos con su saliva pútrida.
Pongamos esa misma pasión, esa misma arrechera al servicio del Barcelona Sporting Club, vamos a gritar 90 minutos para adelante, vamos a aplaudir, vamos a exigir pero en el Estadio, vamos a pedir que pongan huevos, pero vamos a poner los nuestros en la gradería. El que pueda, ponga parte de su patrimonio para engrandecer a Barcelona, no solo pisando el Monumental sino haciéndose socio.
Desde ayer, se venció el tiempo de la postergación, se terminó el aplazamiento de los despertares. Hoy estoy dolido pero más convencido que nunca que se acabó el pasado. Le cerramos la puerta al recuerdo y dejamos la nostalgia en el baúl más profundo.
Hoy estoy triste, pero determinado: a Barcelona lo sacamos adelante, o nos hundimos todos, juntos, los barcelonistas de verdad.
Hoy vengo a decir mi verdad, hoy quiero encender los corazones apagados por la impotencia, por la rabia, por el egoísmo y por la envidia, nadie será más grande que Barcelona Sporting Club mientras sus hinchas tengamos la voluntad de ir al estadio y todavía Barcelona nos haga perder la cabeza de alegría, de recordarnos que Barcelona es pueblo, que Barcelona es parte de lo que se respira en las esquinas donde se vende fritada o encebollado, que Barcelona es raigambre guayaquileña, que la cerveza tiene algo del sabor de Barcelona, que nos reconforta, que nos vuelve parte de él, Barcelona es un tono en cada grito de los vendedores ambulantes, está en el pito del vigilante que aguanta sol y lluvia en plena nueve de octubre. Es la razón por la que nos fundimos en un abrazo moros y cristianos, pobres y ricos, negros y blancos. Es la memoria congénita que se llevan los migrantes a España, a Italia, a Estados Unidos, es el último de los vínculos con el suelo patrio, Barcelona es la emoción más grande, la más importante de las cosas menos importantes, Barcelona todavía puede arrancarnos lágrimas de alegría, todo está en que estemos dispuestos a poner el corazón. Así, de la mano de buenos dirigentes y jugadores comprometidos, se encenderá nuevamente nuestro gran corazón y temblarán hasta los más conspicuos al solo oir de nuestro nombre, al primer grito de nuestra hinchada, al escuchar la sentencia que aún en estos tiempo resulta inexpugnable: somos Barcelona, el Ídolo ecuatoriano.
¡Un abrazo y para adelante, carajo!